Aleera Velova

Aleera nació en una aldea de Europa en la Edad Media. Sus padres eran campesinos que trabajaban en tierras pertenecientes al clero para mantener la familia a flote. Su padre tuvo que marcharse al ejército cuando Aleera tenía 15 años, y no volvió a saber nada más de él.

Un día, mientras descansaban en la cuadra de los caballos, oyeron cómo los animales empezaban a estar inquietos, y a pegar gritos como si los estuvieran atacando. Su madre la abrazaba fuerte, mientras los caballos empezaban a ponerse a dos patas y a intentar salir de allí. Cuando los animales dejaron de hacer ruido, una figura surgió de entre las sombras. Tenía forma humana, lo cual tranquilizó a la madre y soltó a Aleera creyendo que estaban a salvo. Cuando la madre fué hacia la figura, algo la atravesó el vientre, lo que hizo que cayera en ese mismo momento al suelo. Aleera sólo sintió rabia, y juró que los mataría de uno en uno avisandoles de que cumpliría tal promesa. Los vampiros, se rieron, y decidieron convertirla en vampira para ver si podía cumplir su promesa igualando las fuerzas. Cuando Aleera despertó, seguían allí, pero dentro de ella había crecido algo, un ansia de beber sangre, que la enloqueció por completo. Los dos vampiros murieron tras la batalla con Aleera, y ésta empezó a descubrir los pros y contras de su nueva condición.

Al llegar a la mayoría de edad, Aleera conoció a un vampiro con el que compartiría todo. El vampiro pertenecía a una familia noble, la cuál intentaba ocultar su condición. Su amor era tan fuerte, que si alguno le pedía algo, el otro lo haría sin ningún tipo de reparo. Una noche, los cazadores invadieron el castillo donde se alojaban. En el sótano, había un mecanismo para ocultar los ataúdes donde dormían. El chico pidío a Aleera que cayera en letargo hasta que él la rescatara con una gota de sangre. Aleera aceptó, y no supo más de lo que pasó aquella noche.

Durmió hasta la época actual, donde un grupo de arqueólogos llevaron hasta Sunnydale su ataúd para estudiarlo. Cerca había un libro que explicaba cómo debían de despertar a Aleera. Los arqueólogos entonces derramaron una gota de sangre en la piel podrida de Aleera. De repente, los tejidos de su piel empezaron a regenerarse, y a devolver de nuevo a Aleera a la vida. Claro está, una gota de sangre no sacia la sed que tenía después de tantos años, por lo que Aleera descuartizó a los dos hombres y no dejó ni una gota de sangre en sus cuerpos.

Al salir, vió como el otro ataúd de su amado contenía polvo y una estaca dentro. Aleera pensó que su amado había muerto, y lloró hasta que su cuerpo se colmó de rabia. Los humanos iban a pagar aquello, y lo iban a pagar muy caro…

Sin embargo, su venganza tuvo que esperar. Al llegar a una nueva época donde no conocía nada, tuvo que adaptarse a lo que veía, y conoció a Aedan, un vampiro que la ayudó a adaptarse a la época. Aedan y Aleera participaron en una pelea contra las cazadoras, pero consiguieron huir antes de que la cosa empeorara.

Viendo que sin esos papeles verdes que veía en las tiendas, y que la gente intercambiaba por cosas no podía hacer nada, decidió ir a un bar llamado Caritas donde, además de conseguir sangre gratis sin necesidad de cazar, se los daban sólo por relacionarse con gente.

Categorías: Caritas, Criaturas, Demonios, Vampiros
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